HISTORIA DE BARQUISIMETO ¿QUÉ HABÍA ANTES DE QUE LLEGARAN LOS ESPAÑOLES?

Cuando comenzó la incursión de los hombres de la conquista en la parte occidental del territorio, después de haber fracasado por el Oriente, encontraron un grupo nutrido de indígenas asentados de manera estable en estas tierras. Se trataba de distintas tribus pertenecientes todas ellas a la cultura de los arahuacos.

Cuando comenzó la incursión de los hombres de la conquista en la parte occidental del territorio, después de haber fracasado por el Oriente, encontraron un grupo nutrido de indígenas asentados de manera estable en estas tierras. Se trataba de distintas tribus pertenecientes todas ellas a la cultura de los arahuacos.
De acuerdo a las investigaciones antropológicas que se han realizado sobre la región, hoy sabemos que se trataba de un área cultural que había alcanzado cierto grado de organización social en clanes de filiación matrilineal. Además, eran Historia de Barquisimeto, capital del Estado Laracomunidades densamente pobladas, en las cuales se cultivaban yuca, maíz y otros productos agrícolas, en algunos casos con producción de excedentes. Se puede afirmar que hubo formación incipiente de ciudades de algún tipo de estratificación social.
Entre los caquetíos, por ejemplo, pueden distinguirse la figura de jefes y sacerdotes así como la presencia de ritos mortuorios asociados a esta jerarquerización. Existía en esta cultura la figura del piache o boratío a quien correspondían las curaciones, el pronóstico del tiempo y del destino de los integrantes de la comunidad.
En la tribu de los achaguas había la costumbre de realizar sacrificios humanos, se practicaba la poligamia y sus clanes eran totémicos. Sus ceremonias se llevaban a cabo en un recinto llamado daury.
Había una organización del trabajo por sexos: mientras a los hombres les correspondía la limpieza del terreno, las mujeres se ocupaban de cultivarlo. Eran ellas las que llevaban a cabo la labor de tejer, preparar los alimentos y la fabricación de cerámicas. A los hombres les correspondían las tareas de pesca, caza y fabricación de las armas. Eran también los achaguas comerciantes y para ello utilizaban las quiripas, unas cuentas cortadas de conchas y caracoles que, según Acosta Saignes, circulaban como una especie de moneda. Tenían sus propias deidades: el Dios de las Labranzas, el de las Tempestades, los Truenos y ritos asociados a sus creencias y costumbres.
Menos información se sabe acerca de los gayones, no obstante, se sabe que fueron recolectores y cazadores que trabajaban la cocuiza de donde obtenían el cocuy y una fibra para la realización de sus tejidos. En este caso, se trataba de sociedades con distintos rasgos culturales, las cuales se encontraban establecidas en estos territorios al momento del ingreso de los conquistadores. De allí que las primeras noticias acerca de sus hábitos y costumbres fueran referidas por los hombres que, venidos de Europa durante el siglo XVI, dejaron testimonio de sus vivencias e impresiones.

LA LLEGADA DE LOS ESPAÑOLES

La relación de los métodos de conquista, la descripción de las violentas medidas de sometimiento utilizadas y la forma de justificarlas, los mecanismos de control impuestos, así como las dificultades de comunicación a las cuales se enfrentaron en el intento, nos colocan frente a lo que fue una de las visiones de la presencia alemana en los años iniciales de la conquista en las tierras de las zonas de Barquisimeto y sus alrededores, hecho que por demás peculiar de la conquista americana ya que sólo en esa zona de occidente donde se intentó un procedimiento de ocupación bajo la fórmula de un convenio como el de los Welser.
La violencia existente es un ingrediente común durante los años de exploración y conquista. Los indios repelieron al invasor, los conquistadores se enfrentaron entre sí y, las nuevas culturas integradas al proceso como mano de obra esclava, también manifestaron su disconformidad con los términos impuestos por el régimen esclavista, al cual fueron sometidos.

LA FORMACIÓN DE LAS SOCIEDADES Y LA RELIGIÓN

Unos de los requisitos fundamentales para este proceso era el establecimiento de una sociedad regida de acuerdo a criterios que uniformaran los disímiles ingredientes de la realidad.
Se impusieron las normas y los preceptos que, desde la autoridad del Imperio, se consideraron pertinentes para el ordenamiento de la sociedad resultante.
Un aspecto fundamental de esa acción reguladora estaba referida al mundo espiritual. Es decir, la ocupación se justificaba y tenía sentido, entre otras cosas, porque permitiría convertir a los herejes. Debía, por tanto, hacerse un esfuerzo especial en esa dirección.
Desde el primer momento se planteó la necesidad de la evangelización, de darle a conocer la palabra de Dios como elemento clave del proceso civilizador que se pretendía instaurar. Se rechazaron ritos, se persiguieron idolatrías, y se les trató de convencer de las bondades de la doctrina cristiana. Con ese fin viajaron a América un significativo número de curas doctrineros y se redujo a los indios en pueblos de doctrinas, con el fin de alcanzar el objetivo que se habían propuesto: cristianizar al indígena.
De igual manera, se procuró normar el funcionamiento de la sociedad, reglamentar como repartir las tierras, que hacer con el trabajo de los indígenas, como organizar la administración económica y política de los territorios conquistados, como hacer valer la palabra del Rey en tan distantes parajes.
Se establecieron jerarquías, repartieron cargos y se crearon instituciones. Los enviados del Rey estaban obligados a conducir a los súbditos de su Majestad, tanto los llegados de España como los originales pobladores de estas tierras, de acuerdo a los criterios emanados del centro máximo del poder: la monarquía española.
Los años finales del siglo XVIII, cuando ya la sociedad se encuentra establecida, por tanto ya la sociedad se encuentra establecida, por tanto el problema no es propiamente instaurar la cristiandad sino velar porque sus principios y normas se cumplan con cabalidad. Por lo que se da la Visita Pastoral del Obispo Mariano Martí, en la cual da cuenta detallada de la situación de la Diócesis de Caracas para los años de que transcurren entre 1771 y 1784.
El Obispo Martí, máxima autoridad eclesiástica de la provincia, visita toda la diócesis, con el fin de conocer el estado en que se encuentra. Es acucioso y prolijo en la descripción de la sociedad, la población, las costumbres, el caudal de las iglesias y poblados, la situación de la doctrina en cada uno de los pueblos para él visitados, la riqueza material de sus habitantes y su comportamiento.
En cada pueblo que se visita se reúne con los curas y autoridades civiles, interroga, apunta, sentencia y procura reordenar lo que se encuentra fuera del lugar.

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